07/04/2016 - El Grupo de Investigación de la Dra. Montserrat Pérez, Catedrática de Universidad, capta 755.000 euros para financiar cinco proyectos de I+D.

La catedrática Montserrat Pérez desembarcó a comienzos de la década de los 90 con una beca FPI (formación de personal investigador) en el Departamento de Ingeniería Química de la Universidad de Cádiz donde solo una mujer había sido profesora titular hasta entonces. Ese perfil tan masculino, sin embargo, no ha sido ningún obstáculo para que su carrera se haya desarrollado con celeridad y sin contratiempos “gracias al apoyo mayoritario de los compañeros”, reconoce. “Diego Sales [director del Departamento de Tecnologías del Medio Ambiente y exrector] me empujó a la titularidad relativamente pronto motivándome continuamente. Siempre me he sentido plenamente integrada”, subraya. En 2010 accedió a la cátedra.

Durante esta trayectoria centrada en la búsqueda de nuevos tratamientos y fórmulas de gestión de los residuos orgánicos, fundamentalmente procedentes de depuradoras, agroindustria y ganadería, para obtener nuevos productos de interés como biogases o biofertilizantes, ha participado en 36 proyectos de investigación financiados a través de convocatorias competitivas, que han movido un presupuesto global superior a los tres millones de euros, además de 20 contratos con empresas, ha dirigido ocho tesis y dispone de cerca de 70 artículos científicos, de los que 32 corresponden a revistas que figuran entre las 25 mejores (primer cuartil) del área de ingeniería ambiental, biotecnología y microbiología aplicada, además de cuatro patentes. Como investigadora principal ha captado en los últimos 10 años 755.145 euros para cinco proyectos. El último, aprobado hace solo unas semanas por el Ministerio de Economía y Competitividad pretende lograr hidrógeno y metano a través de la digestión anaerobia (sin oxígeno) de biosólidos y vinazas de vino.

Montserrat Pérez García, que en 2015 ha sido la investigadora más citada de la Universidad de Cádiz, valora el apoyo de su departamento en el ritmo de su carrera científica. “Si existen publicaciones e investigación es por la labor de equipo”, dice. Otro asunto es la conciliación: criar a tres hijos, cumplir con la docencia y mantener la actividad científica. Recuerda que las investigadoras veteranas lamentaban echaban de menos haber estado más tiempo con sus hijos. “Yo no quería que me pasara” y ahí, precisamente, estima que reside el talento. Saber equilibrar unos y otros intereses sin sentir menoscabo en ninguna dirección. “Saber en cada momento cuál es la prioridad y tener la habilidad para organizarse”. La única renuncia “voluntaria” y “consciente” que dice haber hecho es no entrar en la gestión, si bien en la actualidad es secretaria de Departamento de Tecnologías del Medio Ambiente, cuya estructura es muy reveladora de cómo las mujeres han ocupado ya la franja media del cuerpo académico. Son cuatro catedráticos, y solo ella mujer. Sin embargo, de los ocho profesores titulares cuatro son mujeres, proporción que también se da en el caso de los docentes sustitutos.

No cree que el impacto de la crisis tenga en las mujeres al colectivo más damnificado, y alude a los jóvenes en general porque cree que son los más perjudicados. Recuerda que la última investigadora a la que dirigió la tesis terminó hace una año. “Ahora hay poco que ofrecer”, se lamenta, aunque el último proyecto que ha conseguido le permitirá hacer un contrato e incorporar a un becario. “El problema es que si no tengo subvenciones no puedo investigar, y eso también es una gran pérdida de recursos”.